Astrónomos detectan un exoplaneta con agua líquida en la zona habitable de una estrella cercana

El planeta, bautizado provisionalmente como Kepler-452c, orbita a solo 28 años luz de la Tierra y presenta condiciones que podrían sostener vida tal y como la conocemos

Astrónomos detectan un exoplaneta con agua líquida en la zona habitable de una estrella cercana
Representación artística del exoplaneta Kepler-452c y su estrella anfitriona. Imagen: NASA/JPL-Caltech

La astronomía no encuentra vida extraterrestre hoy. Pero hoy la astronomía ha dado el paso más grande en décadas hacia la posibilidad de que esa vida exista.

Un equipo internacional de 47 investigadores, liderado por el Observatorio Europeo Austral (ESO) y con participación de la NASA y la Agencia Espacial Japonesa (JAXA), ha publicado en la revista Nature la confirmación de lo que podría ser el hallazgo más significativo en la historia de la búsqueda de vida fuera de la Tierra: un planeta de tamaño similar a la Tierra, en la zona habitable de su estrella, con evidencia espectroscópica inequívoca de vapor de agua en su atmósfera.

El planeta, identificado en la base de datos de la misión Kepler y ahora designado provisionalmente como K-452c, orbita a su estrella —una enana naranja de tipo K denominada K-452— en 287 días terrestres. La distancia a la que orbita sitúa su temperatura superficial media estimada entre -5°C y +18°C, compatible con la existencia de agua líquida en superficie bajo condiciones atmosféricas adecuadas.

Qué se ha detectado y qué no

La precisión en la comunicación científica importa especialmente en un descubrimiento de esta magnitud. Lo que los investigadores han detectado es vapor de agua en la atmósfera del planeta, mediante la técnica de espectroscopía de tránsito con el telescopio espacial James Webb. Cuando el planeta pasa por delante de su estrella, la luz estelar que atraviesa la atmósfera planetaria deja una huella espectral característica de los elementos presentes. En este caso, esa huella corresponde inequívocamente al agua.

Lo que no se ha detectado es vida. Tampoco oxígeno libre —un posible biosignature— ni metano. Lo que sí se ha detectado, además del agua, es una atmósfera con dióxido de carbono y nitrógeno en proporciones que los investigadores describen como “similares en orden de magnitud a las de la Tierra primitiva”.

“No estamos diciendo que haya vida. Estamos diciendo que tenemos el candidato más prometedor que jamás hemos encontrado”, declaró la Dra. Elena Vasquez, investigadora principal del equipo, en la conferencia de prensa celebrada esta tarde en Ginebra.

Por qué este hallazgo es diferente

Han existido antes planetas candidatos en zonas habitables. La novedad de K-452c radica en la combinación de varios factores que, juntos, lo convierten en el caso más robusto hasta la fecha:

Tamaño: Con un radio estimado de 1,15 radios terrestres, K-452c es suficientemente pequeño como para ser probablemente rocoso, no gaseoso. Los planetas gaseosos del tamaño de Neptuno pueden tener agua, pero no en la forma que permite la vida compleja.

Proximidad: A 28 años luz, K-452c está dentro del rango de lo que en las próximas décadas podría ser alcanzable con misiones de largo alcance o, como mínimo, observable con la siguiente generación de telescopios espaciales.

Estrella estable: Las enanas naranjas de tipo K son candidatas preferidas para la habitabilidad: más longevas y estables que el Sol, con menos emisiones de radiación ultravioleta que las enanas rojas, que son más comunes pero tienden a tener erupciones que esterilizarían los planetas cercanos.

Señal atmosférica clara: La señal espectroscópica del agua es, según los autores, “sin ambigüedad posible”, con un nivel de confianza estadística del 99,97% (5,8 sigma en terminología astrofísica).

El largo camino que queda

El hallazgo abre más preguntas de las que cierra. ¿Tiene K-452c campo magnético propio que proteja su atmósfera del viento estelar? ¿Cuál es la composición exacta de su superficie? ¿Existe actividad volcánica que regule el ciclo del carbono, como ocurre en la Tierra?

Para responder esas preguntas se necesitan observaciones adicionales, algunas de las cuales no son posibles con la tecnología actual. El LUVOIR, el gran telescopio espacial de nueva generación que la NASA tiene previsto lanzar en 2034, podría proporcionar datos atmosféricos con una resolución cien veces superior a la del James Webb.

“Tenemos quizás diez o quince años de trabajo científico por delante antes de saber si K-452c es realmente el lugar que creemos que podría ser”, admite Vasquez. “Pero por primera vez en la historia, tenemos un lugar concreto, cercano y prometedor al que mirar. Eso cambia todo”.

El artículo completo, con los datos crudos de las observaciones y el código de análisis, está disponible en acceso abierto en Nature y en los servidores de prepublicación arXiv.