Opinión

La crítica fácil contra Bukele: ¿solvencia moral o puro hobby político?

Entre la crítica responsable y la crítica como pose hay una diferencia clave: una busca corregir; la otra solo busca exhibirse

La crítica fácil contra Bukele: ¿solvencia moral o puro hobby político?

Hay algo que me incomoda de cierta crítica contra Bukele, y no es que exista. Criticar al poder es sano. Lo que me incomoda es la ligereza moral con la que muchos hablan hoy, como si antes de este gobierno El Salvador hubiera sido un país normal, funcional y digno para la mayoría.

Se nos olvida demasiado rápido que este país vivió secuestrado por años. La extorsión era rutina. El miedo era costumbre. La pandilla decidía quién entraba, quién salía, quién trabajaba y quién moría. Mucha de la gente que hoy se indigna con tono pulcro por las formas, las instituciones y los derechos, en aquel tiempo guardó silencio, se acomodó o simplemente aprendió a vivir mirando hacia otro lado.

Eso no convierte a Bukele en intocable. Tampoco borra los excesos, los abusos denunciados ni los riesgos reales de concentrar demasiado poder. Todo eso existe y sería absurdo negarlo. Pero también sería absurdo fingir que no hubo un cambio real en seguridad y en control del territorio. La gente lo siente en la calle, no en un hilo de X.

El problema es que aquí se ha vuelto muy fácil criticar desde una especie de superioridad moral falsa. Se usa un lenguaje fuerte, se lanzan etiquetas, se posa de demócrata impecable, pero sin hacerse cargo del país que teníamos antes. Como si el colapso moral, político y criminal de El Salvador no hubiera existido. Como si recuperar orden fuera un detalle menor.

A mí me interesa una crítica seria, no una crítica como deporte. Una crítica que diga la verdad completa. Que reconozca lo que se corrigió, pero que también exija límites. Que no idolatre al poder, pero que tampoco romantice el desastre anterior. Que entienda que los derechos humanos también le importan a la familia honrada, al niño que cruzaba fronteras invisibles y al trabajador que pagaba renta para sobrevivir.

Hay gente que critica porque de verdad teme que el poder se pase de la raya. Esa voz merece respeto. Pero también hay otra crítica más sucia, más cínica, más interesada. La de quienes extrañan el caos porque en el caos ganaban algo. Influencia, impunidad, relato, comodidad, negocio. Y esa parte también hay que decirla, aunque no guste.

Yo no creo en los cheques en blanco. Apoyar una transformación no significa cerrar los ojos. Significa tener la honestidad de reconocer logros sin volverse fanático, y de señalar peligros sin volverse farsante.

Porque al final, en este país, no toda crítica nace de principios. Mucha nace de memoria corta, de pose, o del enojo de ver que el tablero cambió y ya no acomoda a los mismos de siempre.

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René Moya

Sobre el columnista

René Moya

Deportes y política.

Ha trabajado en marketing y publicidad digital, escritor en proceso, actualmente director de desarrollo de software.